Ciencia, derecho y diferencia sexual – Tiresias

Ciencia, derecho y diferencia sexual

Cuando de un recién nacido no se puede decidir si es niño o niña con una simple inspección visual, se activan una serie de resortes médicos y tecnológicos dirigidos a zanjar la duda. Asociado a esto, está el problema de su inscripción legal. Se produce ahí una urgencia, tanto médica como familiar, que generalmente se acompaña de la angustia producida por la posibilidad de un error de diagnóstico.

Más tarde puede surgir otro problema, cuando el sujeto, en pleno uso de razón, decide cambiar su inscripción sexual. Se trata ahí de un problema de nuevo médico y jurídico. En ambos casos hay que hacer confianza, ora a la ciencia, ora al derecho civil, para resolver la cuestión.

Pero con ello no queda resuelto el problema ético que se plantea en todos los casos: ¿Quién tiene la capacidad de decidir? ¿Dónde está la certeza? ¿Cuál es la garantía del resultado de un cambio de sexo?

Todos los esfuerzos dedicados a elaborar categorías, definiciones, criterios y protocolos para diagnosticar las ambigüedades, así como el auge en la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías biomédicas para corregir ese “no saber”, revelan la inquietud que provoca dentro de nuestro orden sociocultural la ambigüedad y lo inclasificable de nuestra relación con el sexo.

En algunos casos, diagnosticados de“dimorfismo sexual”, resulta obligado confeccionar “cuerpos ficticios”. Los expertos a los que se apela para resolver la cuestión utilizan un amplio despliegue de intervenciones tecnológicas en busca del sexo “verdadero” que estaría detrás de la ambigüedad. Cuando interviene la decisión del sujeto respecto de su cuerpo, los juristas resuelven la cuestión disponiendo posibilidades de inscripción nueva.  Pero ahí intervienen diferencias de civilización. En los países con regímenes más liberales se puede sostener el derecho a elegir cualquier tipo de goce del propio cuerpo; en el otro extremo, regímenes tiránicos aplican castigos corporales, obligan a mutilaciones o incluso castigan con la pena de muerte a quienes se desvían de la norma. Por supuesto, nos ponemos del lado del primer caso; pero queda aún por saber cómo es subjetivada esta libertad. Nuestra experiencia nos demuestra que la ciencia y la técnica no tienen respuesta para esta cuestión; y que la libertad de mercado no puede aparecer ahí como un señuelo organizador de la diferencia de los sexos.

La genética, la anatomía, la endocrinología, son ramas de la ciencia a las cuales se apela generalmente, pero que no siempre pueden dar una respuesta definitiva. Los espectaculares progresos de la cirugía nos llevan a veces a creer en una omnipotencia casi divina. La legislación, en su modo actual de confundir la Ley con las normas, alimenta la creencia en un campo de posibilidades casi infinitas de reacomodación de lo real.

Y, sobre todo, queda siempre sin resolver, porque no lo está para nadie, la relación entre la sexualidad y el amor. En éste, la cuestión no está en el cuerpo anatómico ni en el registro legal, sino en una relación con el Otro en la que todo está por escribir.

 

 

PARTICIPANTES

Elisa Giangaspro, médico pediatra. Miembro de la Red Psicoanálisis-Medicina.

Elena Lauroba, profesora titular de Derecho Civil de la Universidad de Barcelona.

Iria Prieto, psiquiatra,coordinadora del Servicio de Salud Mental del Hospital del Tajo. Participante del Nucep.

Ricardo Rubio, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP.

Antoni Vicens,(coordinador), psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP y profesor de filosofía.