El debate entre el deseo y el amor – Tiresias

El debate entre el deseo y el amor

En 1958 Lacan postula la divergencia entre amor y deseo. Lo hace siguiendo a Freud, que para la sexualidad masculina neurótica distinguía la madre y la Dirne. Freud indica la dificultad masculina de amar allí donde se desea y desarrolla en las ‘Contribuciones a la psicología del amor’ los divinos detalles entre el amor, el deseo y el goce.

En la actualidad, verificamos la dificultad en los sujetos hombres de sostenerse en una posición viril, especialmente cuando el significante del Nombre del Padre ha perdido su función orientadora. De allí que a veces, crean recuperar fantasmáticamente la virilidad y el narcisismo bajo el síntoma de la infidelidad, convirtiendo la demanda de amor femenina en un imperativo superyoico imposible de satisfacer. Por otra parte, constatamos cierta masculinización en las mujeres, que también dividen amor y deseo resultando que ellas tampoco pueden amar allí donde desean. En el Seminario VI Jacques Lacan desarrolla esta cuestión indicando que “en el hombre, el deseo se encuentra en el exterior de la relación amorosa”. La forma acabada de esta relación, supone lo que no tiene; es la definición del amor. Y luego agrega: “la forma ideal del deseo, si puedo decirlo así, es realizado en el hombre en la medida en que encuentra el complemento de su ser en la mujer, en tanto ella simboliza el falo. En el amor, el hombre está verdaderamente alienado al objeto de su deseo, al falo. Pero, en el acto erótico este mismo falo reduce sin embargo, a la mujer a ser un objeto imaginario: esta es la razón por la que en el seno de la relación amorosa se mantiene en el hombre la duplicidad del objeto”. (1) Es decir que, en esa forma ‘ideal’, él cree complementarse en su deseo con la mujer como falo y en este mismo encuentro erótico  reduce  el falo, la reduce,  a un objeto imaginario de deseo. Lacan también nos advirtió acerca de la dificultad de la mujer para consentir al lugar de objeto causa de deseo al que es convocada.

“La sexuación quiere decir la elección del sexo” nos dice Miller (2). En 1970 Lacan desarrolla las fórmulas de la sexuación situando que hay sólo dos posiciones, la masculina y la femenina independientemente de la estructura. Para el psicoanálisis, la diferencia sexual no se reduce a los semblantes. Ante la ausencia de relación sexual, el sujeto elegirá dónde posicionarse, si en la parada masculina o en el semblante femenino. Sabemos por ejemplo que en un sujeto hombre pueden existir  los emblemas de la masculinidad pero la posición sexuada ser femenina o que una mujer,  más allá de presentar algunos semblantes femeninos, evite el encuentro sexual con él, ubicándose muy bien como uno entre ellos e identificándose imaginariamente al varón. La cuestión es siempre, desde dónde se ubica el sujeto para afirmarse hombre o mujer.

La sexuación – neologismo lacaniano que nombra la asunción del sujeto de su propio sexo – depende de la acción del significante y no del sexo biológico. Lacan indica que hay sexuación si el sujeto se inscribe respecto de la castración y del significante fálico pasando del cuerpo imaginario a un cuerpo sexuado por medio del significante fálico. Hay sexuación sólo a partir del significante fálico.

En cuanto al deseo femenino, ella requiere por un lado cierta fetichización del órgano del partenaire, pero por otro,  el amor sólo lo obtiene del hombre muerto o castrado, es decir, que ella espera que él dé lo que no tiene. En el mismo hombre, ella exige dos, exige una duplicidad en el partenaire. “En el momento en que la satisfacción del deseo se produce en el plano real, el amor de la mujer, no su deseo, se dirige a un ser que está más allá del encuentro del deseo, a saber: el hombre en tanto privado del falo, el hombre,,.,, castrado” (3).Ubicamos así el desdoblamiento del lado femenino: detrás del hombre amado, hallaremos al hombre castrado.

El hombre por su parte, la quiere toda. La cree toda también, pero ella tiene un goce que no comparte con él y que la vincula al Otro. Esa parte no-toda de ella, es difícil de soportar por él, viviéndola infiel. El femicidio, es su ejemplo extremo. Es una duplicidad estructural respecto al goce. Ella tiene un pie puesto en el goce falico pero el otro pie, puede ponerlo en Otro goce del que nada dice porque nada sabe  y que no comparte con él. Goce suplementario, en más del goce fálico. La diferencia pasa entonces por el modo de responder a la castración, del modo macho o hembra, independientemente de la anatomía.

 

El encuentro con lo real sexual como imposible, hace agujero. Encuentro que siempre conlleva una extrañeza en tanto no hay ley organizadora para ese imposible. Cada sujeto va a arreglárselas allí con un anudamiento particular hecho de palabras, cuerpo y goce. Será la invención sintomática y particular, para suplir  la no relación sexual.

Ahora bien, en la actualidad, vemos surgir una multiplicidad de nombres de género: bi, trans, queer, neutro…en un intento de nombrar lo que siempre escapa de lo sexual. Los psicoanalistas del Siglo XXI debemos preguntarnos cómo pensar esas variantes actuales que van más allá de la dimensión binaria  hombre – mujer.

El 12 de agosto, leímos en un periódico argentino que éste era el primer país de América latina y el cuarto en el mundo en ofertar un abanico de opciones de género, consensuadas con las organizaciones que trabajan con la diversidad sexual y la ciencia médica también hace su oferta. Dicho artículo señalaba que en facebook, es decir,  en lo social,  el usuario puede elegir hasta ’54’ opciones de género diferentes para identificarse, 54 significantes distintos que nombrarían la particularidad del goce.

¿Se trata de diferentes maneras por las que el sujeto puede inscribir su cuerpo y su goce respecto al falo con nuevos semblantes, o se trata de suplencias? Todo parece mostrar que las posiciones masculina y femenina, no alcanzan para recubrir lo real sexual, surgiendo nuevos nombres que intentan amarrar lo que allí escapa. ¿Cuál será entonces nuestra orientación como psicoanalistas lacanianos, para ubicarnos en la clínica frente a esa nueva multiplicidad? ¿Podemos considerar que el debate particular de cada sujeto sobre el amor y el deseo, ese debate que se va escribiendo en un análisis, sea una de nuestras orientaciones para lograr discernir el posicionamiento del parlêtre? Consideramos que no sólo eso, porque  más allá del amor y el deseo, de lo  que se trata es de dilucidar cómo cada sujeto se posiciona ante el agujero del trauma, ante “ese real que Lacan situó como propio en el campo de la sexualidad” (4) con  la invención de su síntoma y que por lo tanto,  puede tener mucho más que 54 nombres.

“Las formas de la sexuación son las fórmulas de la identificación sexual primordial. Y digamos que si hay dos identificaciones sexuales primordiales es en la medida en que no hay relación sexual. Identificación sexual viene al lugar de relación sexual. La relación sexual Lacan la construyó de manera que, tal como la conocemos, sería imposible de escribir” (5). Estas XIII Jornadas de la ELP serán todo un reto para pensar la fuerza del planteamiento lacaniano de dos posiciones sexuadas, de esas dos formas de identificación ante la relación sexual en un mundo en el que encontramos un intento de nombrar de formas múltiples lo real sexual imposible, un real que estructuralmente se escabulle siempre.

Patricia Tassara

 

1- J. Lacan. Le Séminaire Livre 6 .cap VII “La médiation phallique du désir” Pag 159

2- J. A. Miller. Los divinos detalles. Editorial Paidós. Pag 59.

3- J. Lacan. Le Séminaire Livre 6 .cap VII “La médiation phallique du désir” Pag 159

4- J. A. Miller  Todo el mundo es loco. Mediodicho. Revista anual de psicoanálisis. Pag. 17.

5- J. A. Miller  ídem Pag 24.