Halllazgos y herejías de la sexualidad: variaciones sobre el objeto sexual – Tiresias

Halllazgos y herejías de la sexualidad: variaciones sobre el objeto sexual

1

 Contrario a considerar el psicoanálisis como una cosmovisión, Freud descarta que sus Tres ensayos -una pluralidad- pudieran constituir “una teoría sexual”[1]. Subrayando que estos eran tributarios de la praxis psicoanalítica que le llevó a redactarlos.

 Es la praxis que inventa, la que le hace constatar, y así lo refleja en el primero de sus ensayos, Die sexuellen Abirrungen, (es decir, las “aberraciones” o las “variaciones” sexuales), las variantes frente a la norma sexual.

Al realizar la división entre el objeto y la meta sexual[2] de la pulsión, la experiencia recogida con los casos considerados anormales enseña a Freud que entre la pulsión sexual y el objeto sexual no hay sino una soldadura. Lo cual le hace concluir que concebía demasiado estrecho el enlace entre la pulsión y el objeto sexual. Estableciendo que “debemos aflojar, en nuestra concepción, los lazos entre pulsión y objeto”[3].

Así la ausencia de simetría, de proporción, entre objeto y pulsión, que la concepción freudiana descubre, introduce, junto con la sexualidad infantil, una profunda subversión en la concepción de la sexualidad humana, al hacer de la variación la norma. Donde cualquier objeto es capaz de satisfacer la pulsión. Poniendo en evidencia que no hay una relación natural entre los sexos ni un saber hacer preestablecido sobre el sexo humano, nada que diga lo que es su posición como hombre y mujer. Encontrándose de inicio, en ese vacío, con la satisfacción de los orificios pulsionales.

Freud ratifica esta subversión, en este mismo ensayo, al negarse a hacer de los homosexuales una especie particular de seres humanos, y al afirmar que la homosexualidad no constituye una entidad clínica[4], tan solo considerando susceptible de análisis a aquellos que sientan su sexualidad como sintomática[5]. Es decir, de manera singular, la cuestión de la elección sexual, sea homo u hetero, responde entonces a la particularidad subjetiva, no estando llamado el psicoanálisis a resolver el problema de la homosexualidad. Tema que Freud trata irónicamente al afirmar que “la empresa de mudar a un homosexual en heterosexual no es mucho más promisoria que la inversa”[6]. La homosexualidad no es entonces un concepto psicoanalítico y Freud la va a definir estrictamente en términos de identificaciones y de elección de objeto[7].

 2

El “hallazgo de objeto” que se efectúa en la pubertad, es una elección en dos tiempos[8], es un reencuentro[9] con lo que resta de los primeros vínculos sexuales de la más tierna infancia, que Freud considera los más importantes de todos.

Reencuentro con lo que resta del tiempo en el que la nutrición estaba conectada con la primerísima satisfacción sexual. Donde “la pulsión sexual tenía un objeto fuera del cuerpo propio: el pecho materno. Lo perdió sólo más tarde, quizás justo en la época en que el niño pudo formarse la representación global de la persona a quien pertenecía el órgano que le dispensaba satisfacción”[10]. Este momento de la pérdida del objeto, del seno, que nunca se tuvo, se produce durante el periodo de latencia, momento en el que se realiza la representación del Otro.

El objeto elegido viene al lugar del objeto perdido. La fijación primera, real, va a ser la condición del objeto elegido en la pubertad. Objeto elegido que Freud situará de inicio “en la esfera de la representación […] en el espacio de las fantasías”[11]. Es por tanto un señuelo, un ersatz, que sustituirá, pero nunca será el original. Como plantea Miller, es la barrera del incesto freudiano la que aparece como un fondo de imposible, un no cesa de no escribirse, sobre la que se realiza la condición necesaria, sintomática, la que no cesa de escribirse[12].

Años más adelante, ya en la segunda tópica, en la que el inconsciente se articula al ello, a la pulsión, en su Moisés, Freud realiza una analogía entre la aparición de la religión monoteísta y la formación de síntomas, también en dos tiempos, mediados por el fenómeno de la latencia. Apareciendo en el primer tiempo, en el lugar de la fijación a la pérdida del objeto que aparecía en los Tres ensayos, el trauma. Trauma que define como vivencias en el cuerpo propio, percepciones sensoriales de lo visto y de lo oído[13].

Estas marcas traumáticas en el cuerpo que dejan lo visto y lo oído son comparadas en “Construcciones en análisis” con las alucinaciones, salvando el hecho de que no se da la creencia en su actualidad. Siendo que tras la comunicación de la construcción, no es el contenido de la construcción lo que retorna, sino lo visto y lo oído, desplazado y desfigurado en los sueños, por las fuerzas contrarias a ese retorno[14]. Lo que en Tres ensayos es la pulsión sin objeto, es en la segunda tópica la pulsión dotada de un cariz traumático que produce marcas en el cuerpo.

Este fenómeno primerísimo, de lo visto y lo oído con sus efectos traumatizantes sobre el cuerpo, nos evoca el shock pulsional del puro encuentro de lalengua y sus efectos de goce sobre el cuerpo. Y en el que la simbolización de dicho real, de este agujero donde no hay saber sobre la relación de los sexos, es ya una construcción secundaria, en el que la lógica se introduce después con la elucubración del fantasma[15].

3

 Esta elucubración secundaria, incluye la “asunción” subjetiva del sexo, la “sexuación”, que tiene dos vertientes: por un lado la que respecta a la inscripción del goce en la función fálica, y por otro lado al cuerpo.

La significantización da una posición inconsciente que permite la identificación con el tipo ideal de su sexo, si bien hay algo que la mediación fálica no drena, no alcanza, no sabe. A este agujero traumático, responde el síntoma que produce la sexuación. Ya que como plantea Miller hombre y mujer son dos razas efecto de discurso, en lo que hace a la relación inconsciente con el goce. Lo cual no es un puro efecto de bla bla bla, sino la localización en el orden del goce del modo de uso de este. Lo cual es lo que marca las diferencias. Es a este modo de uso de goce a lo que llamamos sexuación[16]. Y cuyas formas hoy en día están en un creciente desorden.

4

 Para finalizar una nota sobre las “herejías de la sexualidad”

La mención a las “herejías de la sexualidad” que propone este eje temático resuena además de a las clásicas variantes frente a la norma sexual; en primer lugar con la posición de varios pensadores del movimiento LGTB, que reivindican su posición sexual como una herejía frente a la ortodoxia. Si bien es una posición que fomenta el lobby.

En segundo lugar resuena con la afirmación de Lacan quien en su seminario “El sinthome” dice ser hereje al igual que Joyce. Porque como dice el hereje se caracteriza precisamente por la haeresis, que en griego significa el que elige, y que solo con el cristianismo tomó un carácter de posicionamiento prohibido frente al dogma.

Lacan propone que ser hereje de la buena manera, es elegir el camino por el cual alcanzar la verdad, es decir, la que “habiendo reconocido la naturaleza del sinthome, no se priva de usarlo lógicamente, es decir, de usarlo hasta alcanzar su real, al cabo del cual él apaga su sed”[17].

Alcanzar el inconsciente real podría entonces calmar la sed de verdad que tiene el inconsciente transferencial. Herejía, cuya homofonía en francés es RSI, apunta a este uso lógico del sinthome que anudaría los tres registros, y permitiría ir más allá de una concepción religiosa del psicoanálisis fundamentado en el N del P.

Podríamos decir que frente a la reivindicación de la posición sexual Lacan apunta a la radical asunción de la misma.

Félix Rueda. AME  de ELP y AMP. Bilbao.

[1] Freud, S.: Tres ensayos de teoría sexual. Prólogo a la tercera edición (1914). OC Vol. VII, AE. Bs As 1987. pág. 118

[2] Óp. Cit. pág. 123

[3] Óp. Cit. pág. 134

[4] Óp. Cit. pág. 132. Nota 13. Agregado de 1915

[5] Óp. Cit. pág. 125

[6] Freud, S.: Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina (1920). OC Vol XVIII, AE Bs As 1989. pág. 144

[7] Laurent, E.: Normes nouvelles de l’homosexualité. L’inconscient homosexuel. La cause freudienne nº 37

[8] Óp. Cit. pág. 181

[9] Óp. Cit. pág. 203

[10] Óp. Cit. pág. 202

[11] Óp. Cit. pág. 206

[12] Miller, J.A.: Los divinos detalles. Ed Paidos, Bs As 2010. pág. 65

[13] Freud, S.: Moisés y la religión monoteísta. Vol. XXIII, AE. Bs As 1986. pág. 72

[14] Freud, S.: Construcciones en análisis. OC Vol. XIII, Amorrortu Ed. Bs As 1987. pág. 268

[15] Miller, JA: Un real para el Siglo XXI. Volumen preparatorio del IX Congreso AMP. Scilicet. Grama ediciones Bs As 2014.

[16] Miller, JA: Extimidad. Ed Paidos, Bs As 2010, pág. 56

[17] Lacan, J.: El seminario Libro XXIII El sinthome, Ed. Paidos Bs As 2006. Pág. 15